El caso de La Manada desde una perspectiva criminológica

Ya hace unos días que la sentencia del caso conocido como “La Manada” salió y los mismos días hace que asistimos a todo tipo de opiniones, tanto por parte de la sociedad como por parte de expertos. Como Colegio de Criminólogos hemos dejado pasar unos días porque sabemos que la impulsividad es un factor de riesgo, no sólo de la delincuencia y la conducta antisocial, sino también de dejar de ser objetivos. Es por eso que hemos creído conveniente pronunciarnos desde la empatía y des de la criminología positiva, en los siguientes términos:

  1. No entraremos a valorar el contenido jurídico de la sentencia, dado que de eso ya se encargan otros profesionales. Sin acceso a las pruebas periciales y sin haber estado presentes al juicio, no podemos juzgar la interpretación de estas pruebas.
  2. Des del punto de vista de las reacciones sociales, es evidente que estamos presenciando un cambio importante en la sensibilidad de la sociedad hacia los delitos contra la mujer y hacia las conductas antes normalizadas, algunas consideradas como micromachismos. Esta perspectiva y debate que existe, sin duda, consideramos que es necesaria para poder avanzar como sociedad. Sobre estas reacciones, perfecta y legítimamente comprensibles, queremos hacer las siguientes consideraciones:
    • La evidencia científica nos muestra que el apoyo social, tanto a víctimas como a agresores, es lo que mejor funciona para evitar sufrir y cometer actos antisociales y delictivos. Pero la confrontación y la destrucción que comporta el conflicto que se ha creado en la sociedad significa más violencia. Consideramos cualquier conducta delictiva como reprobable, pero la tolerancia cero debe ser hacia las conductas y nunca hacia las personas.
    • Hay que entender que algunas de las expresiones de la ciudadanía pueden ser, en parte, fruto de la espera de mayor dureza, en términos de sanción penal, pero es importante no perder de vista lo que nos ha traído a repensar las conductas en las agresiones sexuales, que no sólo padecen mujeres adultas, sino también menores. Y no solo por rigor académico, sino para entender las diferencias de las motivaciones y consecuencias de las conductas.
  3. Desde el punto de vista de la reacción penal, no podemos estar de acuerdo con que sea necesaria más dureza para castigar delincuentes, ni tampoco que se reforme el código penal en términos de punición: el tiempo en prisión, necesario, como sanción, está fuera de toda duda, pero lo que marca la diferencia es el tratamiento. Para reducir los niveles de reincidencia hace falta incidir más en el tratamiento y no en la duración de la condena.
  4. Des de una óptica victimológica debemos plantearnos, como sociedad, cómo reaccionamos ante determinados casos mediáticos. Que nos hayamos volcado en la víctima no es un problema, pero dada la trascendencia mediática del caso, cada día la víctima está reviviendo el trauma. Las muestras de apoyo masivas no son contraproducentes, sino el uso que se está haciendo de ello en los medios y redes sociales, que hacen que el tema nunca acabe para la víctima.
  5. Por último, creemos que la justicia necesita los profesionales de la criminología para poder mejorar en la valoración de las pruebas. El legislador necesita saber qué dice la evidencia criminológica ante la eficacia de las sanciones. También la ciudadanía necesita esta ciencia para saber qué conviene más para hacer frente a la conducta antisocial y delictiva. De la misma manera, las víctimas necesitan un apoyo en términos positivos que desde la criminología se ofrece. Y los delincuentes, evidentemente, necesitan que trabajemos con ellos para poder evitar en la medida de lo posible la reincidencia.

Por tanto, concluimos con las siguientes consideraciones:

  • Las víctimas necesitan apoyo, empatía y evitar procesos de revictimización: esto último aún es más difícil con las reacciones sociales desmesuradas que no atienden a los hechos ni las necesidades de las víctimas.
  • Las víctimas no necesitan sanciones más graves sino reparación del daño en la medida de lo posible, por más que la venganza sea un pensamiento muy “naturalizado”.
  • Los agresores, especialmente los sexuales, tienen unos factores de riesgo que, en gran medida, se pueden trabajar, así como factores de protección y amortiguadores que se pueden potenciar para prevenir.
  • Sin tratamiento la mayoría de agresores sexuales no reinciden. Cuando se los trata, lo hacen aún menos. Es por eso que necesitamos más tratamiento criminológico.
  • Hay personas de alto riesgo que pueden salir en libertad sin rehabilitar: es importante que la valoración del riesgo que hagamos los y las profesionales de la criminología esté presente, porque se puede evitar la reincidencia y mejorar los tratamientos.
  • Aumentar la duración de las sanciones (siendo ya el cuarto país europeo en larga duración de cumplimiento de condenas y teniendo uno de los códigos penales más duros) no puede prevenir la delincuencia ni reduce la reincidencia. Al contrario, tiene un escaso efecto en términos de prevención y un efecto contraproducente en términos de estancia en la cárcel.
  • Los correlatos de las agresiones sexuales son diversos: no solo el machismo y la estructura machista estan presentes como factores de riesgo. Estos conceptos pueden tener, evidentemente, relacionadas algunas distorsiones cognitivas. Pero, siendo de especial interés el tratamiento y la prevención, no son únicamente los unicos factores de intervención. Es por eso que dejarlo todo a este factor es altamente peligroso para las políticas de prevención e intervención. Necesitamos trabajar todos los ingredientes presentes en los diferentes tipos de delincuentes y de delincuencia.
  • Es importante introducir nuestros servicios profesionales de manera transversal a la ciudadanía y a las instituciones, porque nuestro conocimiento es útil y necesario y la prevención de la delincuencia es un tema de vital importancia.

Col·legi de Criminòlegs de Catalunya
Barcelona, 10 de mayo de 2018